miércoles, 8 de octubre de 2014

Lo que tu haces habla tan fuerte, que lo que dices ya no se escucha

Algunos hablan de contradicciones, otros de incoherencias, eufemismos todos para ponerle una cuota creativa a una simple y sencilla palabra que a mi entender define mejor la situación. Mentiras.
No son simples contradicciones la construcción de poder con discursos pro defensa de los derechos humanos y la aplicación de ese poder para matar etnias o negar a los jubilados lo que la justicia ya determinó. Los hechos, son claramente más fuertes que el mejor de los discursos.
Ni es apenas una incoherencia seducir a los jóvenes con discursos antiimperialistas para entregar luego algunos negocios energéticos a la nave insignia del imperialismo (salvo que nos quieran hacer creer que Chevron es una empresa prosoviética).
Del mismo modo que no es una contradicción simple el pretender que la libertad de expresión pasa por acallar voces disonantes, cerrar medios de comunicación, evitar investigaciones periodísticas y adormecer a la opinión pública con un discurso monocorde mezclado con fulbito y programas de contenido hueco, que mienten buscar la realización de un sueño a través del baile de famosos cuando lo que en realidad hacen es usar la batalla entre la tristeza y la esperanza de los soñadores para conseguir más raiting.
Ni confundir la desgracia genuina de quienes necesitan asistencialismo con la vagancia inescrupulosa de quienes prefieren el clientelismo.
O ensuciar con una operación de prensa inexplicable a un sacerdote humilde como Jorge Bergoglio simplemente porque fue convertido en Papa sin ser “del palo”. Argumentar su colaboracionismo con el régimen de la dictadura fue la más aberrante mentira pergeñada por los “ideólogos del amor”  debió ser pagada muy cara por la mujer más poderosa de la Argentina que debió poner la cara en la ceremonia de asunción de FRANCISCO en un gesto asquerosamente desvergonzado, después de habero maltratado en cuanta ocasión tuvo cuando la relación de poder era otra.
Capítulo aparte merece el bochornoso acuerdo firmado por el gobierno argentino con su par iraní para la resolución de la causa AMIA, mas parecida a una solicitud irrestricta de ingreso al club mediante el alineamiento económico y político que a la indispensable búsqueda de verdad y justicia para toda la ciudadanía, vista como una sola víctima, corporizada en la irreparabilidad de sus muertos y el eterno dolor de las familias mutiladas.
Mentiras y no contradicciones son las que nos gobiernan. Mentiras y no incoherencias son las que usan para construir poder.
Pero llegará el día en el que se cumpla la máxima que titula este post. El día en que los filósofos que no saben dudar, los militantes de góndolas de refrigerados, los funcionarios ausentes en las tragedias y los responsables de esas tragedias, los serviles genuflexos que invocan la mentira como modelo solo para robarse unos cuantos mangos, quedarán desnudos ante la mirada de los pobres a los que han abusado. Llegará el día en que se cumpla. “Aquello que tu haces, habla tan fuerte, que lo que dices ya no se escucha”

viernes, 2 de marzo de 2012

Discursos

Discursos. Otra vez los discursos sin que nadie analice la relación entre la realidad, lo que de ella se dice,  los intereses de quién lo dice y las expectativas de quienes escuchan.
Discursos grandilocuentes repletos de porcentajes que pretenden que esa parte de la realidad se interprete como la única realidad. Todo argumentado en comparaciones poco pertinentes en ese afán de mantener convencidos a los creyentes aún a riesgo de distanciarse más y más de los incrédulos.
Los resultados de estas maniobras son siempre los mismos. Entre los acólitos hay algunos que piensan y otros que no, algunos que esperan su momento en las filas de esa tropa para pegar el zarpazo y quedarse con todo y otros que se contentan con las palabras y creen ciegamente en su líder. Tarde o temprano, toda religión que evangeliza sólo a sus creyentes, termina por empequeñecerse. El juego de convencer a los -hoy muchos-convencidos, seduce a los tiranos pero acogota la tiranía. Para ellos, para los tiranos, la duda y los nuevos paradigmas son el germen de la propia decadencia, pero la tentación es tan grande...
Toda teoría se sostiene desde un ideario con lo que a mayor amplitud y contradicción del mismo, mayor margen de maniobra para hacer y deshacer a destajo, para argumentar y contraargumentar caprichosamente, total, nadie va a detenerse a pensar que las flagrantes contradicciones, la infantil omisión de responsabilidades y aún la mentira, forman parte del dogma sobre el que se evangeliza.
Hemos vuelto atrás en la cultura, hemos resucitado estúpidos argumentos sobre las características de la actividad docente, prejuicios inverosímiles dignos de los ignorantes más abyectos (y tal vez esgrimidos como argumentos para que esos mismos ignorantes, subyugados por el carisma  juzguen injustos los reclamos justos de toda justicia de los docentes); hemos retrocedido porque se palpa, se ve y se siente que la salud y la educación públicas de las que se declaman porcentuales de mejoría siguen siendo tareas pendientes que sugerirían mejor reemplazar la ineptitud de quienes conducen estas áreas en lugar de convertirse en elogios para con ellos; hemos retrocedido porque sigue habiendo hambre y miseria en la argentina, porque sigue habiendo injusticia en los tribunales y silencio en quienes deben debatir las cosas de cara a la sociedad. Hemos retrocedido porque seguimos enarbolando banderas de toda la sociedad como méritos propios de un gobierno, con la soberbia de arrogarse cierta propiedad sobre derechos humanos y malvinas pero los derechos humanos actuales (no sólo los de 1970 a 1980) siguen vulnerandose a diestra y siniestra y nuestros excombatientes reales siguen siendo ocultados cuan hijos leprosos dentro de esta bendita sociedad. Y hemos retrocedido porque el 10%, el 24,4%, el 35,7% y el mismísimo 100% de nada siguen dando nada.
Ser justo sería valorar avances en algunas cuestiones y plantear acciones para avanzar en otras. Ser humilde sería hablar con la otra mitad de los argentinos que no están de acuerdo con el modo en que se hacen aquí las cosas. Ser honesto sería dejar que la realidad sea para poder modificarla y no pretender que la mirada ciclopea y torpe de los cortos de vista sea la única visión posible de la realidad.
Después de todo, los injustos, los soberbios y los corruptos, al negar tanto su conciencia, terminan siendo unos pobres animalitos de Dios.
Chau.

martes, 28 de febrero de 2012

Lo que pasa, lo que te dicen y lo que queda.

Por un lado está la realidad. Lo que efectivamente pasa. Una sucesión de hechos que no necesariamente tienen que ver con tu cotidianeidad, con lo que vos vivís. Ahí entra en juego lo que te dicen, o sea el primer baile que te hacen bailar sin elegir vos la música. Porque pasan millones de cosas en el mundo pero son unas pocas  personas las que determinan un supuesto orden de prioridades que hacen que algunos hechos eclipsen a otros. Ese orden de prioridades es el que ves reflejado en los informativos de cualquier formato (radiales, gráficos, televisivos o web). De resultas de este accionar, vos terminás enterándote de temas y cosas que no necesariamente tienen en tu vida cotidiana, la magnitud que se pretende darles al aparecer dentro de tales prioridades. No sólo te enterás de una serie de hechos reales con mayor o menor impacto en tu día a día sino que, además de esto que efectivamente ocurre, está aquello más cuestionable que tiene que ver con lo que los medios te dicen sobre tales temas. Así, ante un hecho “A” determinado y real, vas a tener las opiniones “A1″, “A2″ y “Ax” que no van a ser coincidentes salvo que el hecho en cuestión sea lo suficientemente aglutinante como para generar una opinión universalmente aceptable sin dejar lugar a otros puntos de vista. Son opiniones basadas en una moralidad y una ética rectoras de lo que claramente está bien y lo que claramente está mal.
¿Vamos bien hasta ahí?. Muy bien sigamos entonces. Lo real, se ve presentado tendenciosamente de acuerdo a los valores, principios y elecciones de cada editor que acepta que el hecho en cuestión (”A”) tiene la suficiente magnitud como para ser transmitido siempre y cuando esa transmisión se haga con los correspondientes ajustes que permitan arrimar agua al molino de esas propias creencias. En otras palabras, el hecho real es adornado con el color político, moral o espiritual de quien lo hace público de modo que las audiencias lo acepten tal y como es presentado.
Vos sos la audiencia de lo que deciden decirte y de cómo te lo dicen. Frente a un hecho real, sos la carne de cañon que se necesita para construir opinión pública, ya que si hasta allí las cosas les salen bien, seguramente vos serás también un vocero de esa opinión cuando cuentes el hecho en tu colegio, oficina, fábrica o reunión social o de cualquier tipo en la que participes.
Cuentan una anécdota de un periodista (la atribuyen a don Natalio Botana pero no tengo el dato cierto) Al parecer, el periodista, ansioso de comenzar a trabajar se presenta a una selección de personal para integrar la redacción de un diario. La persona a cargo de dicha selección, les indica a los postulantes que escriban algo sobre Dios y rápidamente todos comienzan a teclear febrilmente sus máquinas de escribir. Todos menos uno - ya se imaginarán quién-. Al finalizar el tiempo estipulado, el jefe de personal, retira una a una las páginas escritas por los jóvenes periodistas y -con sorpresa- encuentra una absolutamente vacía. Entonces, luego de sermonear al postulante que estaba desperdiciando la oportunidad de su vida por incumplir con la simple consigna de trabajo, se ve obligado a darle el puesto a nuestro jóven postulante. ¿Por qué?. Porque su respuesta a la arenga moralista fue que no había escrito nada sobre Dios simplemente porque no se le había indicado si el artículo en cuestión tenía que estar a favor de Dios o en su contra.
Lo que pasa es importante, lo que te dicen también. Lo que queda en tu cabeza es lo fundamental. Aprender a dudar sanamente es el único camino para destruir la fábrica de prejuicios que constituyen hoy los medios masivos de comunicación independientemente de si son estatales o privados.
¡Chau!

¿cómo sigue la película?

Somos un país berreta. Una ciudadanía berreta fruto de los cambios de espejitos por oro, las corrientes migratorias externas e internas, los aluviones zoológicos y los afanes y afanos de unos cuantos que -llegado el momento de acceder al poder, ya sostenido por el favor popular, ya a los cohetazos- han obrado sin escrúpulos pero con nuestra total connivencia. Y la omisión también puede convertirse en pecado.
Nuestra época de gloria aún no ha llegado y tal vez nunca llegue. Aquel espejismo de haber podido ser -y no haber sido- la principal potencia mundial en la posguerra, aquella  explosión artística que catapultó a nuestro cine y nuestra radiofonía  a la vanguardia de latinoamérica, aquella imagen mítica de lingotes de oro ocupando los pasillos del Banco Central como  bandera de una opulencia flagrante  que no daba de comer,  son fotografías de la historia que por -acción u omisión- supimos conseguir. Entre todos.
Me pregunto sobre el futuro de esta, nuestra construcción cultural. Agotado el pasado sin que hayamos sido capaces de salirnos de sus garras; agotado el futuro huérfano como está de proyectos dignos; atrapado este presente entre el desgarro violento de ese ayer y el no saber a que puerto arribar en aquel mañana, nuestra cultura parece entramparse, empantanarse, enroscarse las patas entre el desasosiego y la frustración.
Son momentos en los que se necesita de la grandeza más que de la grandilocuencia, del consenso más que de la competencia, de la madurez más que del capricho y el pataleo.
Hombres y mujeres incapaces de superar las diferencias; discapacitados para acordar lo urgente y lo importante de cara al futuro, sin que acuerdo signifique ganar o perder; fracasados en el rescate de la infancia, el destierro del hambre, la ignorancia y la enfermedad, los políticos de pelucones entalcados, solo sueñan con llegar a palacio a cualquier costa. Nuestros políticos. Los emergentes de nuestra sociedad. Espejos de una ciudadanía que -espantada de sí misma- los mira hacer sin reclamarles, omitiendo una vez más marcar el rumbo y convirtiéndose por enésima vez en torpe víctima de sus hijos dilectos.
Como una serpiente que se muerde a sí misma  la cola pero a la cual la mortal ponzoña no hace mella, volveremos a retorcernos entre dos piedras para mudar de piel. Mediocre ejercicio que la naturaleza le impone para -aparentando haber cambiado- seguir siendo, en esencia, quien es.
Al igual que la serpiente, no entendemos lo que pasa. A favor de ella, de los dos, sólo nosotros podemos conceptualizar la realidad.
Hasta pronto.

jueves, 23 de febrero de 2012

Revolución y Violencia

Ya desde pequeños, pareciera que nos vamos formando esa incoherente personalidad pacifista a la vez que revolucionaria. ¿Cómo cómo?. Paso a plantear esta duda. No tengo ánimo de otra cosa. Sólo ganas de reflexionar y compartir la reflexión y las incertidumbres que ésta pueda generar.
Varias figuras de la historia despiertan cierto grado de rechazo, simpatía o admiración. Son hombres que han logrado algo, por ejemplo la libertad de sus pueblos, pero lo han hecho a partir de esa forma de violencia que lleva implícita casi toda revolución. Guerras, batallas, emboscadas, hábiles estrategias militares han servido para lograr lo que por derecho propio corresponde a todo ser humano independientemente de la latitud y longitud en las que nazca y habite.
Ahora bien. Si uno destaca, adhiere y evoca esas libertades, obtenidas como el fin del yugo, la esclavitud, las hambrunas y la pobreza, no debe dejar de ver que está celebrando también cierta forma de violencia si bien más digerible, ya que es una violencia que “parece” venir avalada por cierta noción de justicia, independientemente de los cadáveres que se lleve puestos. Ya sea que esa justificación reivindicatoria atenúa la bestialidad o ya sea que no, los hombres justos nos convertimos a la vez en hombres violentos.
La pregunta que surge entonces es molesta, sobre todo para quienes neciamente no pueden apartarse un milímetro de sus mandatos ideológicos, de quienes en una actitud tan elemental y básica como el fanatismo, no se permiten mirar las cosas desde otro punto de vista o, al menos, cuestionar los paradigmas que los rigen ni siquiera en la intimidad de sus almohadas. Ese nuevo interrogante tan jodido es entonces ¿ qué determina el grado de “justicia” de un hecho revolucionario violento?.
Mire, me baso en que las revoluciones y contrarevoluciones, suelen cosechar muertos. Ya sean estos dos pibes caídos en una marcha, miles de ciudadanos asesinados en campos de concentración, civiles o militares de cualquier nacionalidad, de izquierda, de derecha, católicos, musulmanes, judíos, budistas, ateos, niños, mujeres o ancianos. Todos muertos a causa o consecuencia de las formas más rudimentarias de la violencia, mientras las otras, las más sutiles, las que no aparecen en los diarios, el hambre, las enfermedades y las esclavitudes varias, siguen exterminando gente.
Formas de violencia hay muchísimas, lamentables todas ellas desde luego, pero aquellas asociadas a las causas revolucionarias son de las que quiero ocuparme en este caso. Me motiva esa especie de incoherencia de celebrar hechos en los que muere mucha gente, por más reivindicatorios que estos sean.
¿Es acaso que de un modo maniqueo las sociedades juzgan víctimas y victimarios independientemente del valor supremo y equitativo -por cierto- de la vida?¿Agresores y agredidos? ¿Es que la humanidad no ha encontrado un modo más evolucionado de solucionar conflictos y sigue echando mano a la idea de que “ganar” es matar y destruir indiscriminadamente?
¿Es que tan básicos y elementales seguimos siendo después de miles de años de evolución?.
Escucho ofertas, como quien dice. Puntos de vista amplios y de los otros. Creo que así debería el hombre acceder a la verdad.
Chau.

Salomón y la Verdad

¿Por qué no enfocamos las cosas bien?. Aquí trataremos y -adesde ya- agradezco correcciones y puntos de vista diferentes.

La historia juzgará en definitiva, como siempre, pero mientras tanto, ¿qué podemos hacer con lo que nos pasa hoy, con el corto plazo?.

Ante la avanzada de malandras, secuestradores y chorros que no dudan en pegarle un cohetazo a uno para robarle lo que trae en el bolsillo, o el auto, o cualquier cosa, una sociedad no puede estar pensando en la justificación de esos actos para expiar sus culpas. En el medio hay muertos, familias destrozadas, hijos que nunca más verán a alguno de sus padres y padres que nunca más podrán volver a ver a sus hijos. Creo que ante semejantes tragedias no puede estar pensándose que el asesino no tuvo oportunidades, aún a pesar de que esto fuera absolutamente cierto. No se puede disculpar el asesinato de otro o la violación de cualquiera de sus derechos porque la sociedad entonces incurre en un abandono semejante a aquel en el que incurrió y que agita ahora como justificativo del victimario. Un abandono no puede nunca justificarse con otro abandono.

La solución tiene que construirse ya. No hay más tiempo, no hay más lugar para la postergación. Al igual que una profunda reforma educativa, es imperioso, indispensable, buscar la solución al problema de la inseguridad. Pero las urgencias, no deben llevarnos al atolondramiento. Solo se trata de hacer las cosas bien la primera vez como dice el viejo precepto de la Calidad.

Debemos construir espacios de contención y educación para minimizar la proliferación de victimarios a futuro y debemos paralelamente proteger y dar justicia a las víctimas presentes. No se soluciona el tema con más violencia, aunque tal vez se necesite dar claras señales de qué está bien y qué está mal en una sociedad. Tal vez el enfoque de este tema difícil, casi áspero, requiera de estrategias diferenciadas para el corto y el largo plazo, pero evidentemente no se puede demorar más.

La inseguridad, ese estado que para algunos es una sensación (lo que de todos modos es terrible ya que no se puede vivir con semejante sensación encima todos los días, a toda hora y en todos lados) no se vincula solamente con el robo, el asesinato y la violación carnal. Por qué no plantearlo de una bendita vez, esa inseguridad se hace tangible en la fragilidad que presentan los derechos humanos básicos de todas las personas y no sólo los de los militantes políticos y activistas violentos.

El manejo de algunos niños ilegalmente apropiados bastan como prueba y remiten al Rey Salomón y su más famoso fallo. Aquel por el cual para mediar en la disputa de dos mujeres que se decían madres del mismo bebé, mandó a los soldados a cortar por la mitad la criatura convencido de que la madre verdadera renunciaría aún a su maternidad con tal de que su hijo siguiera vivo. ¿No se parecen acaso las abuelas a la madre inescrupulosa que con tal de quedarse con algo permitiría que corten al niño por la mitad?¿qué abuela expondría a semejante ultraje a sus nietos, sobre todo si estos fueran lo único que quedó con vida luego de que la bestialidad terminara con la vida de sus padres?

Este caso es también el emergente de una época complicada y nunca revisada con la humildad y la grandeza suficientes. Ni las presiones que llevaron a Alfonsín al Punto final, ni el desparpajo de Menem y su declamada pacificación del pueblo argentino mediante los indultos pudieron lograr que la sociedad argentina internalizara la catástrofe vivida, sino apenas que se tomara partido por los unos o los otros como si se hubiera vivido aquí un encuentro de futbol que durara más de treinta y cinco años. Y es que la revisión parcial de los hechos no conduce a la verdad. Al igual que con la inseguridad actual, la violencia del pasado requiere un espacio de grandeza y renuncias para ser abordado. Y otro componente del que adolecemos bastante en nuestro país. Sentido común.

Resucitados los fanasmas violentos, allanados los caminos de la venganza y disponibles la censura y las amenazas mafiosas, se dificultará encontrar la verdad.

Como dijera Albert Einstein: “…la correcta descripción de un problema es la mayoría de las veces una tarea más dificil que la búsqueda de su solución…”

Ojalá pudiéramos sentarnos alguna vez a tratar de describir lo que aquí ha pasado para poder -entre todos- resolverlo.

Chau. Gracias.

El Sueño y la Realidad

Desde que uno es chico, sueña con vivir de acuerdo a un modelo en el que el desarrollo personal en distintas áreas, va asociado al crecimiento y la pujanza del lugar en el que le toca vivir. No es que uno lo razone así cuando es pequeño, pero quien no ha soñado con “ser” algo, con encontrar el amor, con poder disfrutar, conocer; ¿quien no ha deseado algo de chico vinculado al bienestar?.
Usted me entiende ¿no?. Me refiero a que de chico, en plena potencialidad de la vida, soñamos y deseamos cosas lindas. No soñamos ni deseamos fracasos, frustraciones, desgracias. Generalmente tememos esas cosas, pero no las deseamos.
Y por lo general, para que esos sueños se hagan realidad, el escenario, el lugar en que vivimos, tiene que acompañar. Así se hace cierto que cada individuo termina por “empujar” con sus actos, al resto de la sociedad. A eso le llamamos cultura, a ese entramado que vamos tejiendo entre todos, cada uno con sus ideas y acciones, en una sinergia permanente. Así, todos vamos construyendo nuestra cultura.
Entonces me pregunto cuál ha sido el progreso (o la involución) de nuestra cultura en relación con aquel momento en que yo tuve mis sueños iniciáticos. Y compruebo que hemos retrocedido bastante a pesar de los muchos avances tecnológicos y el mayor acceso al conocimiento del que hablan friamente las encuestas.
Yo vivía a la vuelta de una pequeña villa miseria de la que -salvo dos o tres borrachines incurables- las personas y familias que llegaban, hacían lo imposible por salir. Se metían a trabajar donde pudieran y con el primer mango se iban. Esa indigencia parecía avergonzarlos y, en vez de reclamar ayuda del gobierno, en lugar de regodearse en sus miserias, se esforzaban por salir y mayormente lo lograban. No estaban organizados en categorías, no tenían negocios, ni esperaban que llegara la televisión para mostrar sus padecimientos. Ellos también tenían derechos humanos y algo que los impulsaba a mejorar. Tenían dignidad y tenían esperanza.
Y tenía yo una tía, de nombre Amparo, que vivía en un suburbio de San Justo y que era la referente del vecindario. La gorda no había podido estudiar nunca. De muy pequeña había venido con mi abuelo de España y como no había plata, Amparo había tenido que trabajar en una textil. Era ignorante la gorda, pero tenía una voluntad y una fuerza que la hacían arremeter hacia adelante casi instintivamente. Nunca nadie le habia regalado ni una muñeca, ni una máquina de coser, ni un pan dulce y una sidra. También tenía derechos que no sabía que tenía y por eso tal vez, nunca pudo defenderlos sino con su endeble sentido común.
Ellos pudieron salir adelante en parte porque había una cultura que tironeaba, una dinámica social que empujaba y unas escasas oportunidades de trabajo que permitían al menos parar la olla. El país no era una potencia mundial -distaba en realidad mucho de serlo- pero nuestra cultura abrevaba en unos valores básicos como el respeto al otro, la honestidad y la legítima ambición de progreso. No había que ir a Harvard para aprender esto, se aprendía en casa con un sistema claro de identificación de la autoridad, de lo que estaba bien y de lo que estaba mal (aclaro que dije autoridad y no autoritarismo… lo aclaro porque el desprestigio adquirido por la primera por abuso y confusión con la segunda, es a mi juicio, uno de los más graves errores culturales que hemos cometido). Apenas un poco de eso era suficiente para que uno tuviera en claro como honrar a los mayores, como cuidar de la infancia y como tratar de ser “buena persona”.
En estos días, en los que mucho hablamos de disputas, enfrentamientos, corrupción, planes sociales que promueven la vagancia, populismo y demagogia – sin saber bien por qué- me acordé de Chingolo y otros amigos de la villa y de mi tía Amparo, y creo que va siendo hora que desde cada uno aportemos algo para que nuestra cultura vuelva a basarse en valores genuinos y no en destellos exitosos como si la vida transcurriere bailando por un sueño.
Chau.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Simple historia del complejo fracaso

Qué lindo cuando la realidad te confirma qué triste que es la realidad. No es un error, es una frase desconsiderada, hasta desprolija le permito -si me permite- cacofónica y no muy atractiva literariamente pero filosóficamente tiene un terrible y espiralado sentido.
Un tipo que uno no quisiera ser, se encuentra repentinamente -y gracias a un talento concreto- con una fortuna y un reconocimiento universales que lo catapultan de golpe al primer puesto en popularidad en varios países del mundo. No quisiera ser ese tipo.
De pronto la vida se le llena de vivos, de advenedizos que le sugieren una y mil tropelías, de rémoras que no contentas con comer las importantes migajas de la mesa del famoso, se paran arriba de ella hasta que un día le orinan la sopa. Pobre tipo.
Ser ídolo no ha de ser fácil.
Entonces luego de ir y venir desprolijamente por la vida y viendo que el torbellino se lo lleva puesto, el corazón del tipo se decide a parar.
-¿Y las nenas? ¿y el amor adolescente que abandoné detrás de tanta puta?-
El tipo trata de vivir una vida común y corriente pero la fama no lo deja. Se le exigen comportamientos de lord, se le supone una sabiduría y una genialidad que tal vez sólo habitaban -y no estaba nada mal- en sus pies, en sus gambas, en ese menearse y desairar a tantos rivales.
Es terrible la realidad.
Le ponen los micrófonos para que hable sobre los grandes temas nacionales y le caen encima cuando dice alguna burrada. Le construyen programas de televisión en los que el tipo se desempeña bastante bien a pesar de su verdad. Ser él no parece desentonar mucho con este nuevo lugar que la vida -a los ponchazos- parece tenerle reservado.
Entonces el político más exitoso de la nación, lo mete a gambetear fantasmas, le ofrece un traje de superhéroe y lo pone a liderar algo de lo que él algo sabe.
Y el tipo se encamina claramente hacia el fracaso llevándose la ¿ilusión?... la ¿pasión? de "miles de argentinos" para quienes sólo el futbol les recuerda a la patria; una patria chiquita y pachorrienta como un barrio o esta otra patria, la grande, la que se encolumna detrás de una bandera cada vez que hay eliminatorias. La patria que nos convierte en sociedad porque no pierden once tipos, la calle dice "perdimos", "ganamos" "que baile les dimos" y otras expresiones en primera persona del plural, raras para una sociedad tan individualista.
Es lindo que la realidad confirme una idea. Es terrible que la idea de que nuestra cultura está pauperizada, atada al "pan y circo" abusada por "informadores" y "gobernantes" que sólo saben blasfemar, sea la realildad que se confirma.
No le demos más bola al futbol. Mejor desarrollemos de una puta vez esta bendita nación.

martes, 8 de septiembre de 2009

Bienvenidos a Pelotulandia

Tengo los huevos al plato.

Y el plato rajado de tanto tenerlos.

La argentinidad requiere un manual que cambia cada cinco minutos y que nadie se toma el trabajo de imprimir. Entonces, se me ocurre una idea pelotudísima pero muy efectiva: tratar de refundar esta noble nación (dije refundar y usted leyó refundir ¿se da cuenta de cómo estamos?).

¿Alguien me puede tirar una coordenada? porque a veces siento que soy extranjero en mi tierra; polaco pongale. Y fantaseo con que un día voy a subir al colectivo y el chofer me va a saludar en polaco, y voy a escuchar conversaciones en polaco y programas de radio y tv en polaco y voy a seguir sin entender nada (más o menos como ahora). ¿Tan jodido es mantener a una sociedad mansa como la nuestra medianamente conforme?¿Tan difícil recorrer la historia sin simbronazos, con algunos pequeños objetivos comunes que nos motoricen a todos?

¿Que puede hacer un tipo común y corriente como yo para mejorar la calidad de vida más allá de esa única patria que cada uno tiene? ¿cómo hacer algo por la patria que queda más allá de la medianera digo?

¿Se imagina lo que habrá sido la lucha para fundar esta nación? tanto sable, tanta sangre, tanto debate, tanta lucha honorable, tanta idea.

Otra vez, ¿No podremos refundarla en lugar de refundirla cada seis u ocho añitos?

Se me ocurren algunos nombres para la ocasión. Por ejemplo Pelotulandia. ¿No les gusta Pelotulandia? incluso quienes viviéramos ahí si es que nos decidimos a fundarla, podríamos llamarnos Pelotulandeses (una cosita más europea, más parecida a holandeces o escoceses) y no simplemente pelotudos como ahora.

Así podríamos votar todos los líderes pelotudistas que hoy tenemos, los ultrademagogos, los populistas, los progresistas y conservadores. Habría Pelotudismo de izquierda, de derecha y de centro y uno no tendría por que saber la diferencia, después de todo, para un verdadero pelotulandés no hay nada mejor que otro pelotulandés... y si lo hace comer mierda, le miente o le roba, mejor.

¿Se imaginan al comité olímpico internacional seleccionando a Pelotulandia para las próximas olimpíadas? ¿Cómo lo ven? ¿y el mundial de futbol de Pelotulandia? ¿qué tal?. Va tomando color la cosa ¿no?. Obviamente siempre nos dirían que no pero por pelotulandeses y no por pelotudos como ahora. ¿Ven la diferencia?

En próximas entregas prometo ir desarrollando la cultura de nuestra nueva nación. Recibo adhesiones e ideas para una constitución, un sistema de gobierno y un poder judicial dignos de una pelotudocracia en desarrollo. Es más, me arriesgo a alertar: ciudadanos del mundo, una nueva voz se alza desde estas latitudes! un grito fresco que viene a empiojaros más los negocios, una nueva sociedad sumergida por decisión propia en el fracaso abre los ojos para sacudiros el polvo y sacaros los choricitos de roña de entre los dedos del pie! con fronteras abiertas a la buena voluntad y a la mala también. Asoma Pelotulandia, porque la única verdad es la irealidad!!!!!

jueves, 11 de junio de 2009

Diego en el banco. (Pero no es sobre futbol)

Diego en el banco, un lujo. ¿Qué más? el mejor jugador del momento en la cancha;.el delantero más metedor del fútbol inglés. Otro, por apodo Puppi, que tiene una enorme trayectoria en el exterior, en Italia. Y te digo que hay que ser bueno para mantenerte tanto tiempo con los tanos eh.
Podría seguir pero este no es un artículo sobre fútbol. Porque el fútbol es un negocio que le da de comer a un montón de imbéciles que se sientan cinco días por semana a hablar estupideces en cuanto canal de televisión les de aire.
Te la hago corta. Tenemos un equipo de puta madre que cotiza en varios palitos euro por nuca. Debe ser uno de los más caros del momento. Mayormente constituido por jugadores que triunfan en las ligas más reconocidas. Es verdad, no es joda.
Entonces ¿por qué juega como el joraca? ¿por qué -sabiendo que hay que guardar energías porque la altura te agita- juegan al pelotazo? Porque representan a nuestra sociedad. Están enfermos de argentinismo.
Se trata de una patología que consiste en estar en plena adolescencia política, reventándonos los granitos de pus contra el espejo de la historia!!!!!. Un mal (que por bien no viene) que hace imposible la generación de una acción efectiva; un hecho (no digo una idea porque somos talentosísimos para crear).
Si vos ves jugar a dos equipos latinoamericanos, te das cuenta que los tipos se saludan, se ayudan a levantarse, compiten sanamente. Cuando jugamos nosotros, si pueden nos afeitan las patillas de una patada. ¿Debemos pensar que todos son malos?¿qué están confabulados contra nosotros? ¿qué nos odian porque somos los mejores?. No. Debemos pensar más vale que somos un mar de potencialidades naufragando en las putas aguas de la inacción. Debemos pensar que si lo único que hacemos es buscar culpables de todo (aún de nuestras responsabilidades) estamos enfermos de impunidad y corrupción. Pero no sólo los políticos. Nuestra sociedad está herida de muerte si no cambiemos el paradigma. La creencia de que no tenemos nada que aprender, o de que nadie puede enseñarnos nada, es en realidad encerrarnos en nuestra propia ignorancia. Y la terrible consecuencia de esa ignorancia es la peor de las soberbias.
Invito a que dejemos de andar sacando pecho con los bracitos doblados y los hombros echados para atrás. Es una actitud que pretende disfrazar de musculoso, el arrogante presente de un pobre gordito.
No lo digo por Maradona, lo tomo como espejo mío, suyo y de nuestra bendita sociedad.Chau.

miércoles, 8 de abril de 2009

Basta de chitrulos y alcahuetes que orinan agua bendita!!!

A veces me pasa. Me parece que cada día me despierto en un lugar en el que la gente cambia de idioma. Entonces yo saludo con cordialidad y la gente se mira entre sí como diciendo ¿y a este nabo qué corno le pasa?, algunos me saludan sí, pero es como si te devolvieran el saludo en polaco!. Camino por la calle y me siento distinto por la simple razón de que no llevo colgado ningún auricular. Si subo al subte me espanto de ver cómo ese nuevo adminículo se la ingenia para que la gente pase varios minutos desenredando cablecitos. ¿Lo harán a propósito los fabricantes?. Y si me aburro de ver gente desarmando "galletas" me topo con los que están mandando y recibiendo mensajitos de texto o jugando con uno de los más de 40 millones de celulares que se vendieron en el país!!!.
Che, no es una crítica eh? es una observación que hago y que les pido que confirmen, nada más.
Como les contaba, a veces me pasa que situaciones elementales que se resuelven con la mera aplicación del sentido común, se vuelven trampas en las que nuestra sociedad cae una y otra vez.
Así escucho a los patriotas que se llenan la boca con consignas progresistas de boliche -lo cual no está ni digo que esté mal-. ¡¡lo malo es que declaman sobre la integración y el desarrollo del país mientras hacen la cola para comprar dólares!!!.
Digo ¿no?, por si no se nota claramente, trato de hablar de coherencia pero es imposible que haya coherencia si no hay conciencia. Después de todo ¿coherencia con qué?.
Me pudro de ver y escuchar (siempre como si hablaran en polaco, turco o chino y sin que esas lenguas tengan nada de malo obviamente) candidatos que se jactan de lo bien que harían las cosas en una actitud arrogante como quien "mea agua bendita" o diría el Señor como quién juzga a los otros implacablemente en actitudes en las que mejor les sería conservar cierta prudencia. ¿No te pasa que todos son más o menos iguales y que cuando encontrás a uno que vale la pena hay que esperar que se muera para reconocerlo porque mientras tanto los otros no le dejan gobernar?
Por qué nos tiene que pasar que el que llega al poder quiere sostenerse eternamente en él y nos termina dando clases de soberbia discurseando contrasentidos como hace nuestra presidente y como lo hicieron anteriormente otros. ¿No es llamativo?
Creo que tiene una explicación. La explicación es que votamos como el tujes. Elegimos al canchero que andaba en la ferrari a 200 justo el día que se innauguraban las multas fotográficas en la ruta 2. O al pelandrún con cara de nada que mientras era intendente de buenos aires no supo ni pudo manejar el despelote de la zona roja y -como un presagio de su accionar- llenó las plazas de corralitos!!!!
¿No será hora de que dejemos de votar rasgos y simpatías personales para votar ideas?
Y si las ideas no se presentan claramente de cara a la sociedad ¿no sería entonces hora de reclamarlas?
Esta gente inescrupulosa actúa así porque somos una sociedad débil que no reclama ni monitorea y que cada vez que descubre que los reyes magos son los padres, deja de creer... ¡en la paternidad claro!
Ánimo y equilibrio pero sobre todo un poco de coherencia y participación de nuestra parte, el futuro de los niños con el que todos cierran los discursos, nos lo agradecerá de verdad.
Ah!... para traducir al polaco clicleá acá!!!
Chau.

martes, 17 de marzo de 2009

La exquisita prudencia

El médico me dijo que en realidad mi vida era una farsa como en “The Truman Show”; que yo había sido seleccionado por mi talento y mis habilidades para este experimento cuando tenía cuatro años. Que al igual que en la historia de “El hombre que ríe” yo había sido expresamente “malformado” sólo que no en mis rasgos físicos sino en mis ideas sobre lo que era vivir.
El Doctor Medina –que así se llamaba- se sinceró conmigo dejándome desnudo de certezas, confuso de seguridades y perdido en mis ahora frágiles convicciones. Como un bailarín que, de buenas a primeras, se enredara las piernas en cada voltereta.
-Lo que hicimos con usted no fue educarlo- comenzó a explicarme.
-Usted ha sido adoctrinado para creer en una simbología que le da certezas y lo contiene en las crisis, un “sistema de valores” -le llamamos- que hace completamente previsibles sus estados de ánimo y sus sensaciones, permitiéndonos manipularlo como si fuera una herramienta-
-Todo lo que usted cree es producto de un arduo trabajo profesional que hemos desarrollado con la ayuda de la NASA, el M16 y el Mossad.- Aquí el Dr. Medina hizo una pequeña pausa, generando un suspenso y unas expectativas que llegaron a incomodarme para luego, definitivamente, anunciarme lo peor.
-García... lamento informarle que nada de lo que usted cree es cierto!-
Y no lo era. No era cierto que el bien triunfaría sobre el mal ni era cierto que el destino de la humanidad fuera perseguir la felicidad. No era verdad el poder desengrasante del nuevo Magistral ni lo era el talento de Bach, Mozart y Pichuco.
En realidad la diversión que me ofrecía todas las noches aquel programa de televisión lleno de planos de traseros y pechos con el conductor gritón y seres comunes que bailan, lloran y se denigran en la perversidad del rating por una causa justa se llamaba imbecilidad y la “pasión” por el fútbol de cada domingo, era sólo un catalizador de violencia- después de todo ¿Por qué otro motivo una persona mataría a otra luego del resultado de una contienda deportiva? ¿22 personas corriendo detrás de una pelota podían valer la vida o la muerte de alguien? Y sin embargo sí. Por menos que eso se mata y se muere!
-Pusimos a su disposición los medios de comunicación y el fútbol para entretenerlo, excitarlo hasta la euforia y deprimirlo hasta la desesperación. Lo mantuvimos “informado” de todo cuanto pasaba en el mundo sólo que ese “todo cuanto pasaba en el mundo” fue siempre una simple selección de impactos para manipular su estado de ánimo y su personalidad. Así lo convencimos de que comer verduras al vapor era sano y lo hicimos fumar hasta taparse los pulmones; lo hicimos desear y frustrarse, lo hicimos hablar de cosas que tal vez a un ser normal y libre no le interesarían. Le generamos opinión sobre minucias y lo hicimos reir con groserías y violencia.- Dicho esto el Dr. Medina me tendió la mano, giró sobre sus talones y se fue.
Me quedé llorando primero y pensando después. Era imposible pensar con una lógica distinta a la que el sistema me había inculcado. Me esforcé por buscar algo de claridad, le recé a un Dios del que empezaba a descreer y en el que nunca antes había creído. Salí a la calle y comencé a relatarle mi revelación a cuanta persona me cruzara. Extrañamente a nadie le llamaba demasiado la atención. Me miraban como si no estuviera contándoles nada nuevo. ¿Eran realmente conocidos o se trataba de agentes del régimen que seguían evaluándome? No importaba. Con el correr de los días me fui convirtiendo en lo que “los normales” llaman un hombre prudente, desapasionado, confuso y alienado, pero ¿no lo era ya? o ¿no lo había sido hasta esa mañana?.
Prendí el televisor, lavé unas hojas de acelga, dos zanahorias y un zapallito y los cociné al vapor mientras se hacía la hora; dispuse la mesa para la cena, y me senté a comer con el control remoto en la mano como todos los días. Se decidía la suerte de dos concursantes que lloraban irremediablemente porque si perdían deberían irse del programa. Las cámaras tomaban a un grupo de chicos con alguna enfermedad mental que se babeaban sin control mientras el locutor que grita auspiciaba el momento con una “promo” de no sé muy bien qué producto. Terminé de pasar el pancito por el plato y sintiéndome prudentemente libre, eructé.
No sé si producto de mi monodieta moderna, de la terrible verdad que me fuera revelada horas atrás, de la perversidad impune de las imágenes que acababa de ver, de mi propia libertad o de mi propia prudencia.
Simplemente eructé.

lunes, 23 de febrero de 2009

Visiones de una idea que tan solo pide acción

Yo soy una idea que recorre el mundo llevada por el viento, impensada por nadie pero a la vez universal, una idea sin mayor entidad que la de un clamor. Tampoco soy la creatividad absoluta. Podría decirse sí que soy una idea humilde, salida de una fuente simple. No una elaboración basada en los pensadores clásicos cuyos conceptos se reciclan en cada momento de la historia de acuerdo a la moda. Soy una noble idea de un tipo que anda suelto por el mundo cuestionando, como tantos otros, los brillos de una gloria falsa, construida en la injusticia, declamada por la esencia misma de la demagogia y tan insípida como el olvido; la gloria del mundo que aprendimos a vivir cuando nos olvidamos de buscar la verdadera gloria infinita, única e irrepetible del segundo mismo que estamos viviendo.

Como en mi relato, la trampa elíptica por la que atravesó la humanidad vuelve por su víctima y ha de cobrársela después de una maravillosa voltereta, agitando la capa en el aire en una “Verónica” que esconde como estocada final la miseria y la destrucción del planeta.

Muerte que te frotas alborotada sobre una humanidad de idiotas soberbios que –como monos- se quedan sin banana por no abrir la mano1. Muerte indigna que te acuestas con la ignorancia y le haces robustos hijos torpes y engreídos. Muerte; puta muerte que te nos vienes encima con cada niño en riesgo. Muerte, idiotez, holocausto; fin de esta simpática especie sumida en la hipocresía y la necedad por el poder de los soberbios.

He visto muchas cosas aún sin haberme movido de mi pueblo. He visto helicópteros tirando alimentos sobre Somalía, he visto metrallas y contrametrallas matando gente y lo que es peor, he visto fanáticos de las unas y de las otras, maquinarias todas de la estupidez que nos lleva a la muerte. Y tiranos y rebeldes; y señoras que vuelan por el aire para que se reivindique una causa. Y tanques de la OTAN y de la ONU hermanados en esa hedionda conjunción de olor pólvora y carne quemadas.

Debo ser una idea algo burguesa que por estar sentada en un típico living de clase media merezca el olvido en un mundo que se debate por vivir mejor de la peor manera posible. Después de todo... ¿qué puedo aportar yo a tan noble y justa empresa?¿qué poder puedo poseer sino el menospreciado poder de las ideas en un mundo pragmático?¿dónde dejé el control remoto del televisor?.

He visto el mayo francés y la liberación de Berlín, he visto a Nagasaky y a Chernobyl, he visto grandes catástrofes en los pequeños ojos de cualquier niño. No los del más pobre de los niños sino los de cualquier niño.

Y he escuchado al poderoso jugar con las palabras prometiendo desarrollo e igualdad mientras su nefasta mano compra y vende fusiles en el mercado negro de la muerte, pagando revoluciones y atentados que justifiquen su poder rector del universo.

Sé que mi fuerza ha de consistir en replicarme; en reproducirme en cabezas mediocres que solo aspiren a vivir mejor como yo lo aspiro y que coincidan en que ese mejor vivir pasa por el rescate de la paz y la armonía, la comprensión y el nutritivo intercambio entre culturas. Me haré visible sólo cuando ellos entiendan que hay que empezar por salvar a la niñez y terminar con el grotesco alarde de fuerza física tan primitivo, tan muscular y tan poco pertinente después de miles de años de pretendida evolución de la humanidad.

¿Alguien quiere una revolución en serio?¿ una cuyo sentido sea verdaderamente positivo? Yo propongo una que no se basa en medir el poder de las escopetitas sino en pensar, en acordar, en reclamar la paz por verdaderos caminos de paz. La revolución de los niños que necesitan alimento, salud y educación y no discriminatorios planes de asistencia que fortalezcan gobiernos y poderes demagógicos. Porque cada niño que así se muere es nuestro niño.

Propongo la revolución de la leche y el pan, la revolución del conocimiento y la salud entrando en millones de pequeños del mundo y logrando definitivamente lo que ningún sistema político ha podido lograr; la justicia entendida como verdadera igualdad de oportunidades independientemente de las latitudes y las patrias, conceptos mezquinos que justifican y engordan tanta desigualdad.

Algún día vi a los políticos del mundo alzando criaturas en barrios carenciados. He visto al mismo emperador abrazando a dos niñas en Nueva Orleáns después de la catástrofe y al patriarca comandante levantando bebes en La Habana. Y saben ellos que esos niños solo sirven como argumentos para aumentar su popularidad y los levantan para ofrecerles migajas; promesas y migajas. Porque los macro problemas no se resuelven con micro soluciones y después de todo... las cámaras de la CNN están por ahí registrándolo todo y quizá los niños levantados inclinen la balanza de la estadística como aislados números en este mundo cruel así que ¿para qué preocuparse por su futuro?.

¿No será acaso que la humanidad sigue pensando que para que haya un amo deben haber vasallos?¿podemos ser tan básicos como para no haber trascendido aún el rudimento lógico maniqueo de que las cosas tienen sentido por el opuesto?

Pan, libros, leche y salud. Aunque los niños no sean negocio.

Eh Norteamérica, eh Inglaterra! ¿de qué os servirán el oro y las balas cuando el fuego lo arrase todo? . Eh Al qaeda! ¿de qué os sirve que muera un solo justo más por vuestra causa justa?. Eh nuevos ricos del mundo! ¿de qué os sirve llenaros de confort si os habéis convertido en sociedades gerenciales en las que ya nadie quiere hacer el noble trabajo duro? ¿por qué abusáis así de vuestra mano de obra africana? ¿por qué la convocáis a trabajar y le escupís el rostro al final de cada jornada?¿Tan pronto olvidasteis vuestra propia hambruna?

Creo que soy una torpe idea con el control remoto del televisor en la mano, agotada en su propia utopía pero no improcedente. Una idea llena de ganas pero cansada de abusos. Una simple y terrible idea de futuro que asfixia y devuelve a la vez la esperanza. Eh ciudadano del mundo!! ¿no compartes nada de lo que digo?.

Pan, libros, leche y salud para los niños.

Conciencia, participación y acción, después de todo las grandes causas se logran con pequeños pasos. Un litro de leche, un poco de pan, un cuento a contar y una revisión médica elemental. Si no hay gobierno que pueda organizar algo tan simple como eso debe haber al menos ciudadanos del mundo dispuestos a hacerlo sin la necesidad de una orden, una imposición, una ley o una campaña publicitaria. ¿O debo pensar que las marchas contra las cumbres de los gobiernos y la globalización también buscan con avaricia y estrechez su miserable cuota de poder político?

¿Dónde estáis ahora piadosos religiosos en lugar de ayudar al prójimo verdadero que muere de hambre? ¿quizá os habéis quedado paralizados en vuestros pequeños ritos mientras los dioses se retuercen de dolor esperando vuestra acción? ¿qué ejemplo vais a seguir, el de la pompa y el boato o el de Teresa de Calcuta entregándose por cada uno de sus enfermos? ¿Y tú judío que guardas el sabbat?¿qué dirían tus patriarcas frente a la observancia de tantos ritos si tu puño se cierra a la cooperación con los distintos?¿no discriminas tu a los diferentes, no te regodeas aún en tu propia discriminación? ¿y tú musulmán vengativo, qué te diferencia del resto de la humanidad? ¿y tu hijo de buda? mata una de esas vacas que caminan entre tu pueblo y dales comida a tus niños que ningún Dios va a alzarse contra ti!.

En la cúspide de nuestra soberbia hemos concebido dioses a nuestra imagen y semejanza. Necios Dioses que parecen callarse ante la injusticia. Dioses deterministas que nos liberan de las culpas terribles y nos castigan por estupideces. Hemos concebido religiones para ocultarnos y justificar nuestro verdadero pecado de impericia humana. Todos lo hemos hecho pero te invito, profeses la fe que profeses, a dejar de lado la religión de la idiotez en la que la forma puede más que el fondo, en la que la soberbia propia puede más que la divinidad, en la que los ritos disfrazan nuestras propias miserias. ¿O es acaso que tu Dios no tiene sentido común?

Pan, libros, leche y salud para los niños porque su inocencia y su pureza agradan a tu Dios.

Sigue tu camino y tus creencias pero no olvides al otro.

Soy una idea demasiado transparente para un mundo tan rebuscado. Una piedra en el zapato de tu cabeza, una mosca que zumba cerca de tu oído. Soy una idea estúpida en un mundo en el que sólo se aceptan ideas brillantes. Nada, una pequeña idea tan cotidiana como el aseo. Una inofensiva idea que necesita imperiosamente de ti para hacerse realidad.

No tengo los micrófonos de las grandes cadenas. Su negocio es mostrar aquello que yo quiero extinguir, ojos libados por las verdes moscas sedientas del desierto, barrigas inflamadas de vacío; comandantes de 10 años armados hasta los dientes; infancias sin ilusiones, fantasmas de los niños en lugar de ángeles, llantos desconsolados por la tirana opresión y los espantos de la enfermedad. No salgo en los diarios morbosos de la tarde. No comulgo con la corporación periodística ni con el capítulo 32 de la guerra -siempre justa- del que paga. No soy una idea mercenaria pero sí una idea libertaria que busca expandirse para convertirse en realidad. A diferencia de los medios yo te lo digo: ¡necesito tu cerebro!

Pan, libros, leche y salud sin fotografías ni declaraciones ampulosas en ruedas de prensa.

Virtudes y talentos apagados, quizá alguno fuera el salvador del mundo. Quizá un famoso actor o un concertista prodigioso. Capacidades eclipsadas por bacterias. El genial científico y la bailarina, el astro del fútbol y la maestra rural sucumbiendo frente a la indiferencia del mundo. Vientres hinchados de vacío encaminados demasiado rápido hacia la muerte. Lágrimas que por valer menos que una munición se convierten rápidamente en estadística.

Hombre, mira tus manos y haz algo, lo que puedas y cuando puedas. Haz algo por ti y por tu niño. No sólo por el que come a tu mesa cada día, también por aquel que no conoces. No des limosna sino atención, habla con él, ofrécele algo de comida, escúchalo. La moneda ofende lo más profundo del alma de ese niño que se acerca a ti y que eres tú mismo ¡no lo corrompas ni lo prostituyas!. El metal frío y vanidoso no sirve de nada cuando uno tiene desgarrada el alma.

Hoy se han muerto dos mil niños en el mundo por las peores pandemias que se han conocido en la historia de esta humanidad: La negligencia y la ambición.

Soy una idea utópica, estúpida. Me tildan de reclamo inútil, hasta me culpan por mi esencia. O me responden las mismas cosas de siempre...”qué puedo hacer yo”... “y... si el gobierno no hace nada...”...”yo dono mi ropa a la iglesia”...

Soy una idea exigente pero postulo un diagnóstico y también una solución. Visto que ningún problema se soluciona sino por el principio, no pido que salvéis a todos los niños ni que robes tiempo a tus quehaceres ni que te partas de altruismo. Sólo pido un poco de tu conciencia, lo mínimo; acaso una reflexión.

Si cada uno de nosotros pensara en ese niño de la esquina, en el que rebota de auto en auto pidiendo una caricia con la excusa de mendigar monedas, ¡pidiendo comprensión y ayuda con sus manecitas sucias!. Pero el semáforo está por cambiar... cambia... cambió.

Yo sé de mí que soy una idea molesta. Sé que pensarme tal vez te de impotencia, frustración y dolor. Mátame de acción y haz lo que puedas. Lleva caramelos, abraza a un niño, dile algo distinto pero ya no le digas “no”...

Si cambio mi actitud personal hacia el sufrimiento y colaboro mínimamente con el que sufre, tal vez mi vecino haga lo propio y el vecino de mi vecino, y el de más allá. Y tal vez yo pueda cruzar océanos y cordilleras llevado por todos los vecinos de esta especie para que cambiando algo simple logremos cambiar el mundo. Ese es el verdadero poder del hombre común.

Pan, libros, leche y salud no servirían sin tu grandeza.

“Pequeño... si... tú... el que duerme dentro de cada adulto... el que sueña con una vida feliz... el que se apasiona y se ilusiona...¿cuál es tu nombre?... necesito honrarlo... ¿y cuál será tu destino sino el destino de la humanidad?...”

1 Referido a una de las pruebas de medición de inteligencia animal que se hace con monos a los que se les pone una fruta detrás de un obstáculo de modo que su mano extendida puede atravesarlo pero una vez asido el objeto les sea imposible retirarla. Si el mono no encuentra un modo creativo de obtener su premio, por más que se aferre a la fruta no podrá retirarla del aparejo. Por extensión morirá de hambre aún teniendo la solución al problema en sus manos.