martes, 17 de marzo de 2009

La exquisita prudencia

El médico me dijo que en realidad mi vida era una farsa como en “The Truman Show”; que yo había sido seleccionado por mi talento y mis habilidades para este experimento cuando tenía cuatro años. Que al igual que en la historia de “El hombre que ríe” yo había sido expresamente “malformado” sólo que no en mis rasgos físicos sino en mis ideas sobre lo que era vivir.
El Doctor Medina –que así se llamaba- se sinceró conmigo dejándome desnudo de certezas, confuso de seguridades y perdido en mis ahora frágiles convicciones. Como un bailarín que, de buenas a primeras, se enredara las piernas en cada voltereta.
-Lo que hicimos con usted no fue educarlo- comenzó a explicarme.
-Usted ha sido adoctrinado para creer en una simbología que le da certezas y lo contiene en las crisis, un “sistema de valores” -le llamamos- que hace completamente previsibles sus estados de ánimo y sus sensaciones, permitiéndonos manipularlo como si fuera una herramienta-
-Todo lo que usted cree es producto de un arduo trabajo profesional que hemos desarrollado con la ayuda de la NASA, el M16 y el Mossad.- Aquí el Dr. Medina hizo una pequeña pausa, generando un suspenso y unas expectativas que llegaron a incomodarme para luego, definitivamente, anunciarme lo peor.
-García... lamento informarle que nada de lo que usted cree es cierto!-
Y no lo era. No era cierto que el bien triunfaría sobre el mal ni era cierto que el destino de la humanidad fuera perseguir la felicidad. No era verdad el poder desengrasante del nuevo Magistral ni lo era el talento de Bach, Mozart y Pichuco.
En realidad la diversión que me ofrecía todas las noches aquel programa de televisión lleno de planos de traseros y pechos con el conductor gritón y seres comunes que bailan, lloran y se denigran en la perversidad del rating por una causa justa se llamaba imbecilidad y la “pasión” por el fútbol de cada domingo, era sólo un catalizador de violencia- después de todo ¿Por qué otro motivo una persona mataría a otra luego del resultado de una contienda deportiva? ¿22 personas corriendo detrás de una pelota podían valer la vida o la muerte de alguien? Y sin embargo sí. Por menos que eso se mata y se muere!
-Pusimos a su disposición los medios de comunicación y el fútbol para entretenerlo, excitarlo hasta la euforia y deprimirlo hasta la desesperación. Lo mantuvimos “informado” de todo cuanto pasaba en el mundo sólo que ese “todo cuanto pasaba en el mundo” fue siempre una simple selección de impactos para manipular su estado de ánimo y su personalidad. Así lo convencimos de que comer verduras al vapor era sano y lo hicimos fumar hasta taparse los pulmones; lo hicimos desear y frustrarse, lo hicimos hablar de cosas que tal vez a un ser normal y libre no le interesarían. Le generamos opinión sobre minucias y lo hicimos reir con groserías y violencia.- Dicho esto el Dr. Medina me tendió la mano, giró sobre sus talones y se fue.
Me quedé llorando primero y pensando después. Era imposible pensar con una lógica distinta a la que el sistema me había inculcado. Me esforcé por buscar algo de claridad, le recé a un Dios del que empezaba a descreer y en el que nunca antes había creído. Salí a la calle y comencé a relatarle mi revelación a cuanta persona me cruzara. Extrañamente a nadie le llamaba demasiado la atención. Me miraban como si no estuviera contándoles nada nuevo. ¿Eran realmente conocidos o se trataba de agentes del régimen que seguían evaluándome? No importaba. Con el correr de los días me fui convirtiendo en lo que “los normales” llaman un hombre prudente, desapasionado, confuso y alienado, pero ¿no lo era ya? o ¿no lo había sido hasta esa mañana?.
Prendí el televisor, lavé unas hojas de acelga, dos zanahorias y un zapallito y los cociné al vapor mientras se hacía la hora; dispuse la mesa para la cena, y me senté a comer con el control remoto en la mano como todos los días. Se decidía la suerte de dos concursantes que lloraban irremediablemente porque si perdían deberían irse del programa. Las cámaras tomaban a un grupo de chicos con alguna enfermedad mental que se babeaban sin control mientras el locutor que grita auspiciaba el momento con una “promo” de no sé muy bien qué producto. Terminé de pasar el pancito por el plato y sintiéndome prudentemente libre, eructé.
No sé si producto de mi monodieta moderna, de la terrible verdad que me fuera revelada horas atrás, de la perversidad impune de las imágenes que acababa de ver, de mi propia libertad o de mi propia prudencia.
Simplemente eructé.

lunes, 23 de febrero de 2009

Visiones de una idea que tan solo pide acción

Yo soy una idea que recorre el mundo llevada por el viento, impensada por nadie pero a la vez universal, una idea sin mayor entidad que la de un clamor. Tampoco soy la creatividad absoluta. Podría decirse sí que soy una idea humilde, salida de una fuente simple. No una elaboración basada en los pensadores clásicos cuyos conceptos se reciclan en cada momento de la historia de acuerdo a la moda. Soy una noble idea de un tipo que anda suelto por el mundo cuestionando, como tantos otros, los brillos de una gloria falsa, construida en la injusticia, declamada por la esencia misma de la demagogia y tan insípida como el olvido; la gloria del mundo que aprendimos a vivir cuando nos olvidamos de buscar la verdadera gloria infinita, única e irrepetible del segundo mismo que estamos viviendo.

Como en mi relato, la trampa elíptica por la que atravesó la humanidad vuelve por su víctima y ha de cobrársela después de una maravillosa voltereta, agitando la capa en el aire en una “Verónica” que esconde como estocada final la miseria y la destrucción del planeta.

Muerte que te frotas alborotada sobre una humanidad de idiotas soberbios que –como monos- se quedan sin banana por no abrir la mano1. Muerte indigna que te acuestas con la ignorancia y le haces robustos hijos torpes y engreídos. Muerte; puta muerte que te nos vienes encima con cada niño en riesgo. Muerte, idiotez, holocausto; fin de esta simpática especie sumida en la hipocresía y la necedad por el poder de los soberbios.

He visto muchas cosas aún sin haberme movido de mi pueblo. He visto helicópteros tirando alimentos sobre Somalía, he visto metrallas y contrametrallas matando gente y lo que es peor, he visto fanáticos de las unas y de las otras, maquinarias todas de la estupidez que nos lleva a la muerte. Y tiranos y rebeldes; y señoras que vuelan por el aire para que se reivindique una causa. Y tanques de la OTAN y de la ONU hermanados en esa hedionda conjunción de olor pólvora y carne quemadas.

Debo ser una idea algo burguesa que por estar sentada en un típico living de clase media merezca el olvido en un mundo que se debate por vivir mejor de la peor manera posible. Después de todo... ¿qué puedo aportar yo a tan noble y justa empresa?¿qué poder puedo poseer sino el menospreciado poder de las ideas en un mundo pragmático?¿dónde dejé el control remoto del televisor?.

He visto el mayo francés y la liberación de Berlín, he visto a Nagasaky y a Chernobyl, he visto grandes catástrofes en los pequeños ojos de cualquier niño. No los del más pobre de los niños sino los de cualquier niño.

Y he escuchado al poderoso jugar con las palabras prometiendo desarrollo e igualdad mientras su nefasta mano compra y vende fusiles en el mercado negro de la muerte, pagando revoluciones y atentados que justifiquen su poder rector del universo.

Sé que mi fuerza ha de consistir en replicarme; en reproducirme en cabezas mediocres que solo aspiren a vivir mejor como yo lo aspiro y que coincidan en que ese mejor vivir pasa por el rescate de la paz y la armonía, la comprensión y el nutritivo intercambio entre culturas. Me haré visible sólo cuando ellos entiendan que hay que empezar por salvar a la niñez y terminar con el grotesco alarde de fuerza física tan primitivo, tan muscular y tan poco pertinente después de miles de años de pretendida evolución de la humanidad.

¿Alguien quiere una revolución en serio?¿ una cuyo sentido sea verdaderamente positivo? Yo propongo una que no se basa en medir el poder de las escopetitas sino en pensar, en acordar, en reclamar la paz por verdaderos caminos de paz. La revolución de los niños que necesitan alimento, salud y educación y no discriminatorios planes de asistencia que fortalezcan gobiernos y poderes demagógicos. Porque cada niño que así se muere es nuestro niño.

Propongo la revolución de la leche y el pan, la revolución del conocimiento y la salud entrando en millones de pequeños del mundo y logrando definitivamente lo que ningún sistema político ha podido lograr; la justicia entendida como verdadera igualdad de oportunidades independientemente de las latitudes y las patrias, conceptos mezquinos que justifican y engordan tanta desigualdad.

Algún día vi a los políticos del mundo alzando criaturas en barrios carenciados. He visto al mismo emperador abrazando a dos niñas en Nueva Orleáns después de la catástrofe y al patriarca comandante levantando bebes en La Habana. Y saben ellos que esos niños solo sirven como argumentos para aumentar su popularidad y los levantan para ofrecerles migajas; promesas y migajas. Porque los macro problemas no se resuelven con micro soluciones y después de todo... las cámaras de la CNN están por ahí registrándolo todo y quizá los niños levantados inclinen la balanza de la estadística como aislados números en este mundo cruel así que ¿para qué preocuparse por su futuro?.

¿No será acaso que la humanidad sigue pensando que para que haya un amo deben haber vasallos?¿podemos ser tan básicos como para no haber trascendido aún el rudimento lógico maniqueo de que las cosas tienen sentido por el opuesto?

Pan, libros, leche y salud. Aunque los niños no sean negocio.

Eh Norteamérica, eh Inglaterra! ¿de qué os servirán el oro y las balas cuando el fuego lo arrase todo? . Eh Al qaeda! ¿de qué os sirve que muera un solo justo más por vuestra causa justa?. Eh nuevos ricos del mundo! ¿de qué os sirve llenaros de confort si os habéis convertido en sociedades gerenciales en las que ya nadie quiere hacer el noble trabajo duro? ¿por qué abusáis así de vuestra mano de obra africana? ¿por qué la convocáis a trabajar y le escupís el rostro al final de cada jornada?¿Tan pronto olvidasteis vuestra propia hambruna?

Creo que soy una torpe idea con el control remoto del televisor en la mano, agotada en su propia utopía pero no improcedente. Una idea llena de ganas pero cansada de abusos. Una simple y terrible idea de futuro que asfixia y devuelve a la vez la esperanza. Eh ciudadano del mundo!! ¿no compartes nada de lo que digo?.

Pan, libros, leche y salud para los niños.

Conciencia, participación y acción, después de todo las grandes causas se logran con pequeños pasos. Un litro de leche, un poco de pan, un cuento a contar y una revisión médica elemental. Si no hay gobierno que pueda organizar algo tan simple como eso debe haber al menos ciudadanos del mundo dispuestos a hacerlo sin la necesidad de una orden, una imposición, una ley o una campaña publicitaria. ¿O debo pensar que las marchas contra las cumbres de los gobiernos y la globalización también buscan con avaricia y estrechez su miserable cuota de poder político?

¿Dónde estáis ahora piadosos religiosos en lugar de ayudar al prójimo verdadero que muere de hambre? ¿quizá os habéis quedado paralizados en vuestros pequeños ritos mientras los dioses se retuercen de dolor esperando vuestra acción? ¿qué ejemplo vais a seguir, el de la pompa y el boato o el de Teresa de Calcuta entregándose por cada uno de sus enfermos? ¿Y tú judío que guardas el sabbat?¿qué dirían tus patriarcas frente a la observancia de tantos ritos si tu puño se cierra a la cooperación con los distintos?¿no discriminas tu a los diferentes, no te regodeas aún en tu propia discriminación? ¿y tú musulmán vengativo, qué te diferencia del resto de la humanidad? ¿y tu hijo de buda? mata una de esas vacas que caminan entre tu pueblo y dales comida a tus niños que ningún Dios va a alzarse contra ti!.

En la cúspide de nuestra soberbia hemos concebido dioses a nuestra imagen y semejanza. Necios Dioses que parecen callarse ante la injusticia. Dioses deterministas que nos liberan de las culpas terribles y nos castigan por estupideces. Hemos concebido religiones para ocultarnos y justificar nuestro verdadero pecado de impericia humana. Todos lo hemos hecho pero te invito, profeses la fe que profeses, a dejar de lado la religión de la idiotez en la que la forma puede más que el fondo, en la que la soberbia propia puede más que la divinidad, en la que los ritos disfrazan nuestras propias miserias. ¿O es acaso que tu Dios no tiene sentido común?

Pan, libros, leche y salud para los niños porque su inocencia y su pureza agradan a tu Dios.

Sigue tu camino y tus creencias pero no olvides al otro.

Soy una idea demasiado transparente para un mundo tan rebuscado. Una piedra en el zapato de tu cabeza, una mosca que zumba cerca de tu oído. Soy una idea estúpida en un mundo en el que sólo se aceptan ideas brillantes. Nada, una pequeña idea tan cotidiana como el aseo. Una inofensiva idea que necesita imperiosamente de ti para hacerse realidad.

No tengo los micrófonos de las grandes cadenas. Su negocio es mostrar aquello que yo quiero extinguir, ojos libados por las verdes moscas sedientas del desierto, barrigas inflamadas de vacío; comandantes de 10 años armados hasta los dientes; infancias sin ilusiones, fantasmas de los niños en lugar de ángeles, llantos desconsolados por la tirana opresión y los espantos de la enfermedad. No salgo en los diarios morbosos de la tarde. No comulgo con la corporación periodística ni con el capítulo 32 de la guerra -siempre justa- del que paga. No soy una idea mercenaria pero sí una idea libertaria que busca expandirse para convertirse en realidad. A diferencia de los medios yo te lo digo: ¡necesito tu cerebro!

Pan, libros, leche y salud sin fotografías ni declaraciones ampulosas en ruedas de prensa.

Virtudes y talentos apagados, quizá alguno fuera el salvador del mundo. Quizá un famoso actor o un concertista prodigioso. Capacidades eclipsadas por bacterias. El genial científico y la bailarina, el astro del fútbol y la maestra rural sucumbiendo frente a la indiferencia del mundo. Vientres hinchados de vacío encaminados demasiado rápido hacia la muerte. Lágrimas que por valer menos que una munición se convierten rápidamente en estadística.

Hombre, mira tus manos y haz algo, lo que puedas y cuando puedas. Haz algo por ti y por tu niño. No sólo por el que come a tu mesa cada día, también por aquel que no conoces. No des limosna sino atención, habla con él, ofrécele algo de comida, escúchalo. La moneda ofende lo más profundo del alma de ese niño que se acerca a ti y que eres tú mismo ¡no lo corrompas ni lo prostituyas!. El metal frío y vanidoso no sirve de nada cuando uno tiene desgarrada el alma.

Hoy se han muerto dos mil niños en el mundo por las peores pandemias que se han conocido en la historia de esta humanidad: La negligencia y la ambición.

Soy una idea utópica, estúpida. Me tildan de reclamo inútil, hasta me culpan por mi esencia. O me responden las mismas cosas de siempre...”qué puedo hacer yo”... “y... si el gobierno no hace nada...”...”yo dono mi ropa a la iglesia”...

Soy una idea exigente pero postulo un diagnóstico y también una solución. Visto que ningún problema se soluciona sino por el principio, no pido que salvéis a todos los niños ni que robes tiempo a tus quehaceres ni que te partas de altruismo. Sólo pido un poco de tu conciencia, lo mínimo; acaso una reflexión.

Si cada uno de nosotros pensara en ese niño de la esquina, en el que rebota de auto en auto pidiendo una caricia con la excusa de mendigar monedas, ¡pidiendo comprensión y ayuda con sus manecitas sucias!. Pero el semáforo está por cambiar... cambia... cambió.

Yo sé de mí que soy una idea molesta. Sé que pensarme tal vez te de impotencia, frustración y dolor. Mátame de acción y haz lo que puedas. Lleva caramelos, abraza a un niño, dile algo distinto pero ya no le digas “no”...

Si cambio mi actitud personal hacia el sufrimiento y colaboro mínimamente con el que sufre, tal vez mi vecino haga lo propio y el vecino de mi vecino, y el de más allá. Y tal vez yo pueda cruzar océanos y cordilleras llevado por todos los vecinos de esta especie para que cambiando algo simple logremos cambiar el mundo. Ese es el verdadero poder del hombre común.

Pan, libros, leche y salud no servirían sin tu grandeza.

“Pequeño... si... tú... el que duerme dentro de cada adulto... el que sueña con una vida feliz... el que se apasiona y se ilusiona...¿cuál es tu nombre?... necesito honrarlo... ¿y cuál será tu destino sino el destino de la humanidad?...”

1 Referido a una de las pruebas de medición de inteligencia animal que se hace con monos a los que se les pone una fruta detrás de un obstáculo de modo que su mano extendida puede atravesarlo pero una vez asido el objeto les sea imposible retirarla. Si el mono no encuentra un modo creativo de obtener su premio, por más que se aferre a la fruta no podrá retirarla del aparejo. Por extensión morirá de hambre aún teniendo la solución al problema en sus manos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Papá, papá... ¿qué es la globalización?

Corrían otros tiempos. Los “locos de la azotea” hacían de las suyas para transmitir sonidos sin ningún cable, compitiendo con la tecnología de los investigadores norteamericanos. Apellidos como Suzini o Yankelevich no parecen importar demasiado a esta altura del nuevo milenio. La batalla por la radiodifusión en la que se anotaron desde siempre Marconi, Herz y Edison entre otros era llevada a cabo por unos pibes de barrio que con improvisadas antenas de alambre pretendían transmitir señales sonoras desde una terraza con ese rigor tan porteño de llegar “hasta lo más lejos posible”.

La radiofonía tuvo a la argentina como una de sus principales protagonistas. Todavía hoy no queda claro –más allá de la historia oficial que siempre necesita "mega-eventos" que la hagan creible- quién realizó la primera transmisión. Aquí fue la ópera “Bomarzo” sobre textos del inefable Manucho Mujica Lainez desde el Teatro Colón. Más tarde, cuando el acceso a los transmisores comenzó a popularizarse, la capital federal siguió los pormenores de una de las primeras “peleas del siglo” escuchando como Firpo “El toro salvaje de las pampas” sacaba del ring a trompada limpia al gringo Dempsey desde el Madison Square Garden aunque terminara perdiendo la pelea.

Eran los albores de la comunicación de masas y ya comenzaba a latir el germen del “compre y beba” que como un símbolo del modernismo dictaría las conductas consumistas a seguir en cada desprevenido hogar que tuviera su “radioreceptor”. Porque con mayor o menor inocencia las empresas y corporaciones comerciales comprendieron rápidamente la importancia de “convivir” con sus potenciales clientes a través de jingles y promesas que despertando el deseo despertaran también la ambición.

Por remontarme a un hecho, he anclado en esta primera experiencia de comunicación masiva, aunque tal vez la candidez del episodio distraiga al lector del objetivo de este trabajo. Quizá tuviera más impacto el planteo si uno tomara como germen de la globalización el afán comercial que llevó a los Fenicios a recorrer los mares en una inagotable e inconsciente “polinización cultural”. O aquel otro hecho en el que se estampó la suela de un tosco zapatón sobre el polvo lunar en un “pequeño paso para un hombre pero un gran salto para la humanidad” que “vía satélite” compartió ni más ni menos que el 74,8 % de la población mundial.

Y por no extenderme no puedo referirme al espíritu expansionista que siempre acompañó a los más fuertes arribando a una suerte de globalización forzosa de los dominados. O al mismo Cristo (que no a la Iglesia Apostólica Romana) con sus enseñanzas sobre igualdad y el término “hermano” que parece haber aplicado por igual a sus seguidores cuanto a sus asesinos.

Algunas asociaciones de historiadores politizadas por la corta (o torpe) visión, sitúan el origen de la globalización en la caída del muro de Berlín. Utilizado como un ícono del capitalismo rescatando a una sociedad de disidentes oprimida por el régimen comunista, la imagen del muro desgarrándose atravesó el mundo, sepultando al monstruo que perdió la batalla y ensalzando al que la ganó. El episodio, sumado a la genial invención y masificación de la internet, tomó entonces visos fundacionales de un nuevo orden: un mundo sin antihéroes en el que "todo es posible para todos"; “El triunfo de la libertad” como se dio en llamar al episodio. Aunque en realidad habrá que analizar seriamente si las cosas fueron tan así.

Visualizar los hechos es diferente a visualizar los canales por los que se transmiten los hechos. La verdad, el hecho, lo ocurrido, se ve viciado por el interés de quien lo manipula como argumento, de quien lo expresa. Y si la internet es un fabuloso medio que favorece una verdadera comunicación global, no es menos cierto que detrás de cada hecho histórico están las personas, los individuos, esas singularidades únicas e irrepetibles que desde distintas plataformas y paradigmas construyen con su cotidiano accionar el mundo en el que vivimos. La realidad del mundo es la realidad de los hombres que lo componemos aquí y ahora, de modo tal que lo que una sola persona haga, repercutirá necesariamente en aquella realidad.


En la historia de la especie, está claro, ese pequeño impacto individual se ve eclipsado por los grandes acontecimientos sin que nadie parezca reparar en que estos hechos son asimismo producto de aquellas pequeñas individualidades que los avalan ya con la acción, ya con la omisión, ya con la aceptación, ya con la rebeldía.

Tal como está hoy el mundo, el círculo parece girar en este sentido: la globalización como espacio igualitario no puede ser posible sin inclusión. La inclusión no puede ser posible sin educación. La educación no puede ser posible sin políticas. Las políticas no pueden ser posibles sin estados nacionales. Los estados nacionales no pueden ser posibles sin independencia. La independencia no puede ser posible sin libertad. La libertad no puede ser posible sin igualdad. La igualdad no puede ser posible sin inclusión. Y vuelve a girar la rueda.

En el análisis fenomenológico de la globalización, se plantean oposiciones falaces, más por el temor a los cambios que por el rigor que debería caracterizarlas. Oponer las nacionalidades a la globalización es no entender el proceso. Esta deviene de aquellos y aquellos necesitan de esta. La una se nutre de los aportes diferentes de los otros, como un inmenso crisol que nos sitúa en los momentos posteriores inmediatos a la confusión del Babel Bíblico.

El vértigo de las últimas seis décadas, ha repercutido en importantes intercambios culturales a partir del desarrollo de tecnologías que han facilitado su aplicación. Esta interacción entre estados, ideologías, paradigmas, religiones y creencias ha venido acompañando el progreso humano y los cuantiosos efectos de ese roce se hacen notorios en la ampliación y no en la abolición de las cultural locales. Porque la globalización es más la expansión y el intercambio cultural que la adhesión a comportamientos y convicciones prefabricados, después de todo ¿quién podría arrogarse la capacidad de definir esos estándares?

El valor de este nuevo espacio está entonces en proceso permanente, nutriendo y nutriéndose de lo que cada persona como parte de un inconmensurable mosaico le pueda aportar. Como siempre.

“Un día la humanidad se levantó preocupada. Todos desayunaron, todos partieron hacia sus tareas, todos sabían y aprendían al mismo tiempo las mismas cosas. Solo había armonía porque todos pensaban igual. Todos trabajaban la misma cantidad de horas y tenían el mismo salario. El formato de la vida estaba estandarizado. La vida se había convertido en un hecho terriblemente predecible. Entonces uno de ellos, rebelde ante el aburrimiento, se descerrajó un tiro en la cabeza.
En los minutos siguientes se escuchó sobre la tierra una única explosión.¿Fue la individualidad o la globalización lo que terminó con la especie?

jueves, 27 de noviembre de 2008

¿Qué corno es la igualdad de oportunidades?


Imaginemos un chico de 10 años. Imaginemos que siente alguna atracción por la música, por ejemplo: le gusta como suena el triangulito. Ahora imaginemos que el muchachito tuvo la suerte de nacer en Oslo o en Amsterdam. El nivel de desarrollo de su país le permitirá convertirse problablemente en intérprete de triangulito de las sinfónicas nacionales correspondientes, integrar un quinteto de percusión con otros chicos que ejecutan cencerro del monte, raspa-raspa, platillos y toc-toc (de cedro). Seguramente, sus padres se darán cuenta de su potencial talento para el triangulito y el colegio medirá su potencial, integrándolo rápidamente a la orquesta; será becado y una navidad, entre copos de nieve, leños encendidos y la fantasía intacta, recibirá de San Nicolás (o Papá Noel, o Santa Claus o los Padres si usted lo prefiere) un hermoso triangulito afinado en mi bemol.
He aquí un extremo. Tal vez el extremo al que habría que aspirar aunque quizá con ciertas reservas.

Imaginemos al mismo chico con el mismo talento pero naciendo en Somalía o Burundi. Su expectativa vocacional será proporcional a sus habilidades y su capacidad para la supervivencia. Su interés por el triangulito deberá ser postergado por su necesidad de alimentarse y no contraer ninguna enfermedad mortal o decisiva para su desarrollo. Tal vez ese niño muera sin saber que tiene un talento y una vocación.
Es el otro extremo; el de las fotos conmovedoras de panzas hinchadas de vacío y ojos brillantes libados por las moscas.

Dados los extremos podremos marcar un punto intermedio sin que necesariamente constituya el fiel de esta balanza. Imaginemos al niño que pensamos realizándose en Noruega u Holanda y que vimos sobrevivir con suerte en el África y trasladémoslo por ejemplo a Latinoamérica. Será seguramente un niño movedizo y activo que sintiendo especial predilección por el sonido del instrumento, no vacilará en inventarse uno aunque sea con tres ramitas caídas de un árbol (por una razón obvia, la sonoridad del triangulito “fato in casa” no tiene un pito a la vela que ver con la mágica sonoridad de un triangulito Honner calibrado y afinado en mi bemol).
El chico recorrerá las calles pegándole al triangulito e imitando su sonido con la boca; se interesará sobre cómo participar de una orquesta; comprobará que para tocar el triangulito en una orquesta primero debería conseguir terminar los estudios ya que hay muy pocas escuelas que brinden buena educación completa y que destaquen por su orientación musical; una vez terminados los estudios, comprenderá que tiene que conseguirse un trabajo porque tocar el triangulito en la banda no le alcanza para vivir y mucho menos si quiere tener una familia o comprarse una casa; entonces y siempre que Dios esté de su lado, conseguirá trabajo en una compañía de seguros, un banco, una estación de servicio, un delivery un call center o un supermercado perdiendo de a poco su talento en esta otra postergación –no tan terrible como el extremo anterior- pero igualmente injusta y frustrante. Tal vez algún día, cuando se jubile, logre acordarse de que cuando era pequeño tenía una cierta inclinación por “algo” vinculado a la música. Será ya un vejete frustrado que habrá pasado gran parte de su vida preparándose para –en algún momento- poder vivir mejor.
Yo no digo que todos los niños de 10 años a los que les gusta el triangulito respondan a los tres prototipos planteados, pero aún con la ironía, la exageración y hasta –le puedo aceptar- el mal gusto de mi parte, ¿no es este relato prueba suficiente de que hay que repensar el mundo desde otros valores?
Chau.

martes, 25 de noviembre de 2008

¡Salvemos a los bancos, salvemos a los bancos!


Voy a ser claro. ¿Dónde está la intelectualidad progresista del mundo propiciando un cambio de paradigmas a la luz del fracaso de la fantochada consumista?¿ Por qué se han destinado miles de millones de dólares para salvar a los Bancos que más han especulado y a nadie se le cae un mango para paliar el hambre y las epidemias en el mundo?
Porque salvar a esas criaturas no es negocio.
Bueno, yo podría oponerme a esa idea desde el riñón mismo del sistema capitalista y todavía tratar a sus mentores de ineptos, ineficaces e ineficientes por no cumplir con un simple argumento creado por ellos mismos a saber:
“Tenemos territorio, tenemos gente, tenemos un mercado”
El África es un mercado potencial para vender desde zapatillas hasta televisores de plasma de acá a 25 años, y desarrollar ese mercado implica una inversión fuerte, aunque no tanto como la que se destina sin miramientos a salvar al sistema financiero. ¡Qué sentido de la oportunidad que tienen estos tipos! ¿no?
Pero más allá de culpar a los papás de la criatura, me espanta la pasividad de los tipos que mueven la “sesera” en el mundo. Los intelectuales están callados cuando deberían exigir a voz en cuello que esta farsa termine, que podamos vivir en un mundo donde la evolución no se mida únicamente por los avances de la tecnología, un mundo más justo en el que el dinero no sea la única variable a considerar.
Pasaron 2008 años desde la venida del Cristo y todavía no llegamos a avanzar un casillerito en el tablero. Las sociedades siguen esclavizadas ya por la vía del trabajo, ya por la de la falta de oportunidades.
Estoy enojado con este mundo torpe y genuflexo en el que vivimos entrampados por la comodidad y la inacción.
Estoy enojado y triste, sobre todo porque mientras yo escribía esto y usted lo leía, no se cayó ningún banco pero sí se murieron aproximadamente 89 niños en el planeta.
Chau.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Libro de Poemas -


Bueno, les informo que estoy contentísimo con mi libro.
En esta dirección pueden ver la publicidad que hizo la editorial.
Gracias por los comentarios a todos los que ya lo leyeron.
Chau.

http://www.deloscuatrovientos.com.ar/libros/poesia/garcia_pablo.html

viernes, 21 de noviembre de 2008

Argentina es “Macayista”


Prendo la tele, hago zapping, es domingo, paro en el fútbol. Juegan Argentinos Juniors y Velez. Entonces mandan cinco tomas de la misma jugada, en cámara lenta, en ángulo invertido, desde atrás del arco, desde adelante, desde arriba. La jugada no me mueve un pelo, en realidad avanza Pandolfietti (no puedo dar fe del apellido pero sonaba parecido) avanza Pandolfietti decía, elude a uno, entra al área poblada de camisetas de los dos cuadros, gira, amaga.. y ...se cae. Eso es todo. ¡Malísimo Pandolfietti!, pienso, ¡un crotto!, y escucho, acompañando la eterna reiteración de imágenes de Pandolfietti cayendo, como si fuera la voz del mismo Dios, el comentario certero de Macaya Márquez. En su discurso, Macaya plantea que:

1.- Pandolfietti encaró mal al defensor.
2.- Se cae sólo, nadie lo toca.
3.- Cuando produce el giro, se ve claramente cómo se desequilibra.
4.- Si en lugar de girar hacia la izquierda giraba hacia la derecha podía descargar en Priggiani que estaba mejor perfilado que él para pegarle con la cara interna del pié derecho y convertir.

No voy a desmenuzar tales comentarios esclarecedores sobre la imagen de una jugada totalmente irrelevante que acabo de ver cinco veces con mis propios ojos. No lo conozco personalmente pero Macaya Márquez parece un tipo sobrio, serio, creíble. Debe ser un buen tipo que sin quererlo representa uno de los rasgos de nuestra sociedad, ese talento tan argentino que supone el análisis inagotable de lo que acaba de pasar (relevante o no) asociado al postulado de un sinfín de opciones superadoras de lo que pasó, con el siguiente olvido permanente de la cosa hasta que amaine o sea políticamente correcto recordarlo. El relato de los hechos (con mayor o menor intencionalidad) y la creatividad ingenuamente aplicada hacia el pasado. Por un lado lo que fue y a continuación una suerte de traducción al idioma de lo que pudo y debió haber sido.
Somos una sociedad que se expresa con el pasado imperfecto, el potencial y el subjuntivo, algo así como: “Mi abuelo era hombre; si hubiera sido mujer podría o no haber sido mi abuela”, o en términos más académicos: “Sócrates era filósofo, si hubiera pensado sobre la reproducción del tatú carreta no lo hubieran matado con cicuta sino a patadas en el traste”.

En términos de ecuación sería:
1.- Análisis del pasado (apasionado, subjetivo y políticamente correcto)
2.- Planteo de hipótesis de acción vinculadas (si hubiéramos hecho esto o lo otro, bla bla bla)
3.- Conclusión (reconversión del fracaso real y rotundo habitual en un éxito potencial clarísimo)

No sé muy bien por qué, pero tengo la sensación de que el modelo “Macayeano” no contribuye a producir sino palabrerío. Que me disculpe Enrique que es un destacado periodista deportivo del que estoy tomando un aspecto para calzárnoslo como sociedad. No es una crítica a su desempeño sino una observación sobre esta sociedad que me y nos contiene. (En machazo error incurriríamos si pensáramos que la argentinidad y los rasgos de la sociedad argentina nos son ajenos porque somos unos esclarecidos de la hostia).
Les propongo seguir ahondando esta visión sobre los rasgos actuales de nuestra sociedad, para después definir consensuadamente los esperables y tratar de construir el puente de oro entre lo que somos realmente y lo que algún día queremos llegar a ser.
Mis últimas palabras para Pandolfietti quien habiendo nacido en estas latitudes y teniendo la suerte de poder hacer lo que quiere, lo hace tan pero tan mal sin que nadie repare en su escasa eficiencia a la hora de cumplir con su misión.
Chau.